¿No os lo había dicho nunca? Pues bueno, ya lo sabéis. Y a ver quién me discute lo siguiente:
Dios es amor.
El amor es ciego.
Stevie Wonder es ciego.
Luego, Stevie Wonder es Dios.
Me dijeron que no soy nadie.
Nadie es perfecto.
Luego, yo soy perfecto.
Pero sólo Dios es perfecto.
Por tanto, yo soy Dios.
Si Stevie Wonder es Dios, ¡yo soy Stevie Wonder!
¡Por Dios, soy ciego!
“A quien madruga, Dios le ayuda”.
Quien madruga, duerme por la tarde.
Quien duerme por la tarde, no duerme por la noche.
Quien no duerme por la noche, sale de fiesta.
“A quien sale de fiesta, Dios le ayuda”.
Imagínese un pedazo de queso suizo, de esos llenos de agujeros;
cuanto más queso, más agujeros.
Cada agujero ocupa el lugar donde debería haber queso.
Así, cuanto más agujeros, menos queso.
Cuanto más queso más agujeros y cuanto más agujeros menos queso.
Luego, cuanto más queso, menos queso.
El que bebe, se emborracha.
El que se emborracha, se duerme.
El que duerme, no peca.
El que no peca, va al cielo.
Y puesto que al cielo vamos, ¡bebamos!
Reconozco que lo saqué de la mina que es Desconecta y diviértete, una vez más.






Entonces… si hoy he madrugado y esta noche salgo de fiesta y me pongo ciego, ¿qué pasa? ¿Soy Dios, Stevie Wonder y me ayudo a mí mismo?
Si al ayudarme a mí mismo saliendo fiesta me autosupero… ¿Soy Jack The Ripper? Y si antes hemos quedado en que yo soy Dios… ¿Jack The Ripper es Dios? ¡Por Dios, que alguien me libere de este bucle!
A ti también te encanta la lógica, veo jaja.
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